Están nominados: El cine nacional y los Oscars

El secreto de sus ojos , la última película de Juan José Campanella fue finalmente confirmada como finalista en la nómina de Mejor película de habla no inglesa para lo próxima entrega de los premios Oscar a realizarse el 7 de marzo en el teatro Kodak de Los Angeles.

Si bien la noticia no sorprende dada la buena recepción que tanto público como crítica tuvo sobre la película, sí pareciera que, esta vez el cine nacional tiene buenas chances de quedarse con la estatuilla. Desde la distancia, y siguiendo la lógica –cuestión difícil en una entrega de premios- parecería que el rival a vencer será La cinta blanca , el film de Michael Haneke ganador de la Palma de oro en Cannes.

Si bien esto es sólo una predicción, la nominación es una buena oportunidad para hacer un repaso por la relación que han tenido las películas argentinas con la entrega de los Oscars. Sin olvidar las estatuillas que Gustavo Santaolalla se llevó por la música original de Secreto en la montaña y Babel , veremos esta vez cuáles fueron los títulos nacionales que llegaron a pelear por mejor película extranjera en la entrega premios de Hollywood.

La tregua, de Sergio Renán (1974)

Basada en el cuento homónimo de Mario Benedetti, estamos ante una enorme película cuya singular fuerza y pureza se destila a través de una tensión por momentos dramática, por momentos liberadora; y por la enorme importancia del reparto. La tregua cuenta la historia de Martín (un brillante Héctor Alterio), un hombre que está por cumplir 50 años, ha enviudado hace más de veinte, tiene tres hijos con los cuales no se lleva muy bien y su único entretenimiento parece ser trabajar. De pronto, una nueva empleada en la oficina (Ana María Picchio, de impactante belleza) le permitirá redescubrir el amor y quizás, así, consiga una tregua a la soledad que lo acongoja desde hace años.

Aparte de representar de manera brillante a la sociedad argentina previa al golpe de estado del 76, la cinta de Renán cuenta con un verdadero reparto de estrellas: Norma Aleandro, Luis Brandoni, un irreconocible Antonio Gasalla, China Zorrilla (amiga íntima del director), Hugo Arana, Oscar Martínez y un largo etcétera.

Dividida en tres capítulos, la película es una mezcla de melancolía y esperanza, fruto de preguntarse a sí misma ¿Cómo escapar de un destino que, lo queramos o no, tocará a la puerta una vez más? Pues bien, para develar el misterio será necesario ver esta imprescindible joya del cine nacional. Con una calidad impecable, La tregua no pudo alzar el Oscar porque, del otro lado del charco, un tal Federico Fellini, hacía gala –una vez más- de su enorme talento con la genial Amarcord , la cual finalmente se llevó el premio.

Escena indispensable para el film: el personaje de Alterio se declara.

Camila, de María Luisa Bemberg (1984)

Camila retrata la historia real del amor entre una joven de clase alta (quien le da el nombre al film) y un sacerdote que deja sus hábitos para escapar con ella a Corrientes, durante la segunda mitad del siglo XIX. Si hay algo que tiene este film en particular es pasión. Pasión en la historia, pasión en las interpretaciones y pasión en el montaje. No estamos sólo ante una gran película; Camila , de alguna manera, es la metáfora de una mano levantada contra las instituciones del poder social.

Para comprenderlo, será de vital importancia recordar que, cuando los dos jóvenes escapan de Buenos Aires para instalarse en algún pequeño pueblo donde los prejuicios acerca del pasado de ambos sean una incógnita, es el propio Rosas –influenciado por la enorme presión que ejercía la iglesia y la oposición- el que ordena su captura. Bemberg no sólo realza la figura femenina a través de Camila, sino que esboza una postura contra el poder político (vale la pena mencionar que el film se realizó un año después de la vuelta de la democracia). Será por esto que Camila pegó tan fuerte en el público argentino. Más de dos millones de personas vieron la cinta en el cine, convirtiéndola en un gran éxito en varios niveles.

Aunque tampoco pudo ganar el Oscar, sí es todo un clásico de la filmografía nacional; y tanto Susú Pecoraro como Imanol Arias inmortalizaron a una de las parejas más apasionadas que tuvo nuestro cine.

El carácter de Camila y el conservadurismo de los focos de poder

La historia oficial, de Luis Puenzo (1985)

La única película nacional que se hizo con el premio. Norma Aleandro es una profesora que empieza a sospechar sobre los sucesos ocurridos en su entorno durante la última dictadura militar; así dudará de su esposo e incluso del verdadero origen de su hija adoptada. Diez años después de finalizado el autodenominado Proceso de reorganización nacional, Luis Puenzo recrea con esta historia una perspectiva moral de enorme compromiso social. No hay aquí una sola trampa. El director intenta desnudar la realidad política de aquellos años y termina mostrando una reflexiva mirada acerca de cómo se llevaron adelante los momentos posteriores a esa oscura etapa.

Es cierto que una de las principales fuerzas del relato está centrado en la pareja protagónica (Norma Aleandro y Héctor Alterio) y en la posición de Alicia, esa profesora que, como la mayor parte de la sociedad, quiere saber, pero no conoce cómo; o mejor dicho, no se anima a preguntar.

La historia oficial no sólo se llevó el oscar, sino que también ganó el Globo de Oro, fue nominada a la Palma de oro en Cannes y recibió múltiples premios en diversos festivales alrededor del mundo.

Una muestra de las magistrales actuaciones.

Tango, de Carlos Saura (1998)

Miguel Angel Solá compone a Mario, un director que en plena crisis personal decide volcar todo su interés en el trabajo. Está a punto de pisar los cuarenta, su mujer lo ha abandonado y, a pesar de haber alcanzado prestigio a través de su obra, siente que no ha hecho nada. Pero la aparición de una joven bailarina le devolverá aquellas emociones que ya creía olvidadas.

Tango es ni más ni menos que la reivindicación del género más popular en una película cuya belleza y valor artísticos resultan verdaderamente incalculables. Con una trouppe de artistas de máximo nivel que utilizan su enorme talento para entremezclar las escenas del protagonista con la preparación del espectáculo que el director intenta organizar, Saura propone un viaje por la historia del cine y la música argentina a través de fragmentos audiovisuales de fácil reconocimiento cultural.

Desde el maestro Juan Carlos Copes, hasta Julio Bocca, Juanjo Dominguez, Cecilia Narova y un sinfín de artistas; se representan clásicos del repertorio orquestados por el gran Lalo Schiffrin, quien también compone algunas piezas para la ocasión. Con un estilo a là 8 y ½ de Fellini, la estética y la puesta en escena rememoran por momentos un trabajo almodovoriano que, pronto, Saura se encarga de personalizar a través de sendos pasajes de indudable calidad artística.

Su llegada a los Oscar no estuvo exenta de problemas. Dado el origen español del director, muchos aducían que la cinta no podía representar a Argentina, sin embargo, finalmente Tango compitió por nuestro país, aunque no pudo hacerse con la estatuilla.

Julio Bocca y Carlos Rivarola en una de las escenas del film.

El hijo de la novia, de Juan José Campanella (2002)

Después de El mismo amor, la misma lluvia , Campanella vuelve a convocar a Ricardo Darín para protagonizar la que sería -hasta el pasado 2009- su película más conocida. Rafael (Darín) es el dueño de un restaurante que, en plena crisis económica, intenta mantener a flote el negocio que en su momento fuera de la familia, pero dejando de lado por ello a todos sus seres queridos. Su padre (un grandioso Héctor Alterio) le pide a Rafael que lo ayude a casarse con Norma (Norma Aleandro), su pareja durante 44 años, enferma de Alzheimer. A pesar de la negativa inicial, el gesto de su padre hará que el protagonista empiece a ver las cosas de otra manera.

El primer gran éxito de Campanella fue co-escrito por éste, junto a Fernando Castets, quienes realizaron un trabajo fantástico a nivel guión. Aún cuando el caso de este director divide las aguas en el mundillo cinéfilo (se lo ama y se lo odia con la misma pasión), hay que admitir que sabe cómo llegar al público. Tal vez se lo pueda acusar de moralista, pero no hay dudas que este, como todos sus trabajos, cuentan con una calidad impecable. Los toques de humor que pincelan el trasfondo dramático de la historia caen siempre en el momento justo; constantemente a punto de reír y llorar de la misma manera, el principal aporte de Campanella es el timing que sus años de trabajo en Estados Unidos le dieron (actualmente es director de algunos capítulos de Doctor House ) son trasladados de manera eficaz hacia la pantalla grande.

Campanella sabe lo que el público gusta de ver, y para ofrecerlo, se rodea de los mayores talentos –el trío Darín, Alterio, Aleandro funciona a las mil maravillas- a la vez que ofrece historias complejas en su entramado, pero directas (que no es lo mismo que sencillas) en su identificación. El hijo de la novia , no alcanzó a ganar la estatuilla pero sin dudas fue una piedra fundamental en el camino para el director que hoy compite una vez más por el máximo galardón norteamericano. Esperemos este sea su año.

La postura de la iglesia según Campanella y la gran interpretación de Darín

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