La era digital le dio al cine una nueva forma de imaginar cada historia. No son pocos los directores que aducen la realización de un proyecto actual “por que las tecnologías así lo permiten”. Desde Lucas hasta Cameron, desde Spielberg hasta Emmerich, desde Goyer hasta Bay, todos usan el CGI para dar forma a sus relatos.
A pesar de que hoy en día muchos de los tanques hollywoodenses basan prácticamente su contenido entero a la reconstrucción (o destrucción, sea cual fuere el caso) de los mundos que crean, es bueno entender que mucho antes de que las películas se hagan como parte de un merchandising que incluye hamburguesa, juguete, música, ropa y un largo etcétera; hubo un sinfín de artistas que debían realizar trucos que resultaban mucho más complejos en su realización.
Desde el punto de vista físico, de trazado u orquestación dichos elementos eran muchísimo más complicados de plasmar. Y aún hoy en día pueden causar un efecto sorprendente. Si se quiere, podríamos definir a los artistas que veremos a continuación como individuos absolutamente comprometidos con lo que hacían. El porqué, lo descubrirán en las siguientes líneas.
La ejecución de María, reina de Escocia (1895)
Algún tiempo antes que George Mélies erigiera el truco de la mujer que desaparece o Viaje a la luna (1902), Alfred Clark de la compañía Edison Kinetoscope creó este corto en el que utiliza un truco bastante sencillo y efectivo. A través de un corte de cámara, el video simula la a una mujer siendo decapitada. Por supuesto, el cambio entre el personaje –interpretado por un hombre- y el muñeco es notorio. Pero imaginen a una sociedad que empezaba a descubrir la fotografía en movimiento. Muchos quedaron tan impactados que creyeron haber presenciado una muerte real.
El acorazado potempkin, (Sergei Eisenstein, 1925)
Sin duda uno de las mayores obras que haya dado el cine. No sólo por las aplicaciones técnicas que el maestro ruso aplica en los planos y el montaje, sino por la enorme implicancia política que tiene la cinta y por la cantidad actores que se presentan en escena. Nadie puede reprochar que esta película, además de ser un grito de la revolución zarista es una de las que mayor influencia produjo en el cine moderno.
Especial atención para el minuto 4:50. A ver si logran contar la cantidad de veces que vieron esta escena. Los intocables, por ejemplo… ¿Les suena?
El maquinista de la general, de Buster Keaton (1927)
De entre la enorme cantidad de trucos que el genio cómico realizó en toda su carrera, vamos a detenernos en una de sus películas más emblemáticas. El maquinista de la general no queda en demostrase como una gran comedia, puesto que su connotación política no es ajena a lo que la sociedad norteamericana había tenido que afrontar, mostrando al protagonista como un hombre que debe enlistarse en el ejército para ganar el amor de una mujer. Tal y como lo hizo en toda su obra, cada acto que realiza Keaton es real. El actor, director y guionista nunca aceptó usar dobles. Imaginen la dificultad de correr por encima de vagones en pleno movimiento; o de tener que quitar palos de la vía sentado sobre la locomotora del tren. En la enorme cantidad de trucos que aparecen en el film, uno destaca por su exhuberancia: un tren intenta pasar por un puente quemado y ambos caen al vacío. Se dice, que para rodar la escena, se gasto 1.7 millones de dólares. Keaton quería siempre la perfección y para eso, llevó su cine a un nivel superior, aún sin importar poner en riesgo su vida.
Buster Keaton y la destreza que lo caracterizaba.
Tiempos modernos, de Charles Chaplin (1936)
A diferencia del recién mencionado Buster Keaton, Chaplin volcaba gran cantidad de su humor en las expresiones faciales. Con Tiempos modernos , no sólo crea una obra adelantada a su tiempo, sino también genera una empatía tal entre protagonista y público que es imposible no identificarse con su sufrimiento. Aquí Chaplin habla sobre la alienación, el capitalismo, la significancia del hombre ante la producción en cadena. No por nada el protagonista es sometido al experimento de “la máquina que alimenta”, o termina entre los engranajes de una máquina, metáfora de una sociedad que todavía no había caído tan bajo como hoy. Respecto a la escena en cuestión, pues vemos a un Chaplin capaz de expresar toda liberalidad sobre unos patines con los ojos vendados. Algo así como la libertad del hombre despreocupado, pero al borde del abismo. Otro gran pasaje que, aún hoy en día, sigue causando escalofríos.
El cómico y su particular forma de patinar.
Una noche en la ópera, de Sam Wood (1935)
Otro título imprescindible de la comedia norteamericana. Los hermanos Marx creando tal vez su obra más popular y la primera sin Zeppo. Gracias a un negocio perpetrado por Groucho, los mejores artistas de Ópera de Milan viajan hasta Nueva York en un crucero en el cual se darán las situaciones más inesperadas. En la escena, momentos previos a un encuentro entre Groucho y el personaje de Margarety Dumont, ingresan a una pieza un total de 14 personas, siendo recibidas una a una por el propio comediante. El resultado, uno de los mejores gags de todo su cine. El mítico artista definió alguna vez a esta como su escena favorita.