Ya sean grandes obras maestras o de mediana categoría, algunas películas han mostrado la muerte de una manera muy efectiva. De forma heroica, con mucho drama, o por sorpresa, el fallecimiento de algún personaje resulta ser lo que menos queremos.
Resaltaremos aquí el valor de la pérdida del personaje no sólo por su significado dentro de una historia, sino también por la virtud en realizar de la manera más digna una escena cuya organización requiere el máximo esfuerzo.
Sin más preámbulos, pasemos entonces a reconocer y recordar algunas impactantes muertes en el cine.
Thomas en Mi primer beso, de Howard Zieff (1991)
Qué decir acerca de esta historia de descubrimiento, amistad y valores (bien típico del Hollywood más melodramático) que intenta reflexionar acerca del descubrimiento de la muerte en una etapa temprana de la vida. Cuando Anna empezaba a recuperarse luego del fallecimiento de su madre, su mejor amigo Thomas (Macaulay Culkin, un año después de Mi pobre angelito ) muere por el ataque de un enjambre de abejas. Uno de esos recursos que, apuntando al dramatismo directo, surtía un efecto desolador para aquellos que ni imaginaban tal desenlace. Para quedar mal delante de cualquier chica.
Escena del funeral (en inglés). Anna pregunta “¡¿Dónde están sus lentes?! ¡Sin ellos no puede ver!” Golpe bajo servido.
Mufasa en El rey león, de Rob Minkoff y Roger Allers (1994)
Simba es empujado a una estampida por el malvado Scar, tío del cachorro. Ante el peligro del pequeño león su padre, Mufasa, salta sin dudar para salvarlo. Aunque cumple su cometido, el rey no logra salvarse; hecho que lleva a Simba a escapar del reino influenciado por Scar.
Si bien muchos ven a Bambi como la peor tragedia de Disney, la muerte de Mufasa no sólo es una excelente escena cargada de sentimientos, sino que también sirve como hilo narrador del resto de la película. Una adaptación libre de Hamlet que no sólo derivó en una enorme película, sino que también soltó la particular mirada que Disney tiene sobre la muerte.
La escena de la estampida completa:
Nicky Santoro en Casino, de Martín Scorsese (1995)
La maldad de Nicky (interpretado por un Joe Pesci en altísimo nivel) sólo recuerda al Tommy de Vito que también encarnara el actor en Buenos muchachos. Luego de una enorme cantidad de actos de violencia, asesinatos y descontrol, finalmente Nicky tiene su merecido. Pero la tremenda paliza que recibe antes de ser enterrado vivo junto a su hermano es mucho, incluso hasta para un personaje como él. Increíble escena de una película mayor perpetrada por uno de los directores contemporáneos más importantes.
Duelo actoral brillante (en español)
Giuseppe Conlon en En el nombre del padre, de Jim Sheridan (1993)
Si la prueba más dura para Gerard y Giuseppe Conlon fue ser declarados culpables por un crimen que no cometieron, el punto fuerte del film se desarrolla con la relación de amor-odio entre el hijo y el padre. Pero todo cambia cuando Giuseppe enferma y muere en la cárcel. Si bien el avance del dolor es para los personajes un punto de encuentro muy fuerte, aún hoy todos recordamos los papeles prendidos fuego que caen desde cada una de las celdas hacia la calle como señal de luto. Proeza magistral de Jim Sheridan la de expresar en una misma secuencia tristeza, dolor, impotencia e injusticia para un hombre inocente (el fantástico Peter Postlethwaite) que murió esperando su tan ansiada libertad.
El luto de toda la cárcel:
Ofelia en El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro (2006)
La joven protagonista del film se muestra como una niña audaz, valiente y curiosa que se somete a las pruebas del fauno por la promesa de volver al reino donde alguna vez fue princesa. En la escena final, Ofelia recibe un disparo de Vidal (villano de antología por cierto) que la deja sin vida. El resto, impacta por su belleza visual. Y aunque Ofelia llega al reino que tanto ansiaba, Del Toro nos deja con una triste sensación en la garganta. La niña alcanza su meta, pero para ello primero tuvo que morir. Todos los méritos para el director al mezclar sensaciones como la muerte, la liberación espiritual, la pérdida de un hijo y (de alguna manera) el triunfo de lo malo sobre lo bueno.