No, no es que esta semana no hayamos elegido una temática específico, pero de vez en cuando es bueno recordar a aquellos tipos que nos hacen amar al cine con cada historia narrada.
Escatológico y preciso como pocos, el enorme Clint es capaz de hacer una gran película con nada: no importan la calidad del guión, la historia o el presupuesto; la mayor capacidad de Eastwood es mostrar su talento con cada plano y que nos resulte imposible no sumergirnos en sus historias. Afrontémoslo, todos estamos a merced de este viejo loco.
Teniendo que salir a trabajar tras terminar la escuela primaria por culpa de la Gran depresión, Eastwood debería trabajar en distintos rubros para sobrevivir. Con los primeros dólares hizo los cursos iniciales en arte dramático, con ellos los contactos suficientes para conseguir un contrato con Universal. Debutando en 1955, su carrera como actor ha pasado por varios géneros; aunque si hay un rubro en el que Clint ha sabido destacarse fue en la dirección.
Detrás de la cámara Eastwood ha logrado lo que pocos, mantener un estilo y respetar sus principios. Toda su filmografía puede enmarcarse como una gran y extensa obra de arte. El respeto que se ha ganado a fuerza de enormes realizaciones desemboca en que nadie puede oponerse a lo que quiere.
Considerado unos de los pocos directores de autor dentro de la picadora de carne que significa Hollywood, creemos que el gran maestro Clint Eastwood merece que nos detengamos a analizar algunas de sus películas más importantes. A poner cara de perro, sacar las botas y el sombrero, o en todo caso la Magnum .44. Sea como sea, repasemos la carrera de un grande.
El bueno, el malo y el feo (1966)
Como cierre de la trilogía del dólar, Sergio Leone crea su película más ambiciosa. Enmarcada dentro del Spaghetti western, un joven Clint Eastwood protagoniza la búsqueda de un botín que tres cowboys realizan durante la Guerra Civil norteamericana. Con una inmensa puesta en escena, se trata de uno de los principales referentes del género. El propio Quentin Tarantino la consideró como la mejor película jamás filmada. La excelente banda sonora de Ennio Morricone, el impresionante trío protagonista (además de Eastwood. Elli Walach y Lee Van Cleef) y un director que manejó como nadie los climas del género. Señores estamos ante el gran clásico del viejo oeste.
Introducción con la inolvidable composición de Morricone.
El jinete pálido, de Clint Eastwood (1985)
Otro western en el que Eastwood muestra su mejor cara. Terco como siempre, el mal momento que pasaba el género por aquellos años no presagiaban un éxito asegurado sobre este film, sin embargo la maravillosa cinta es mucho más que la reivindicación del viejo oeste. Con mezcla de drama, suspenso y hasta comedia, nuestro director crea para la ocasión a uno de sus personajes más interesantes: El Predicador es un valiente y solitario vaquero que llega a una ciudad de mineros azotada por el magnate local cuyo único interés es comprar las tierras a un módico precio para luego explotarlas. En la película, vemos cómo el papel de antihéroe se destaca por la inquebrantable voluntad de sus valores. El Predicador es un hombre solitario, que promulga la fe para estar en paz consigo mismo. Pero cuando las cosas se ponen feas, su pasado de artillero se presenta para salvar a los lugareños. Con algunos hallazgos realmente interesantes (toda la película es la excusa perfecta para que Eastwood ponga al frente su valía y tozudez) la respuesta que la niña recibe ante las plegarias a Dios para que los ayude se transforman en el sacerdote más particular del cine.
Los puentes de Madison, de Clint Eastwood (1995)
Diez años después del estreno de El jinete pálido, Clint sorprende con drama romántico excelentemente planeado y desarrollado. Acompañando al director en el protagónico vemos a una inmensa Meryl Streep, quienes dan cátedra sobre cómo se construye una historia de amor. El fotógrafo de National Geographics Robert Kincaid llega al pequeño Iowa para retratar los puentes del condado; allí conocerá a Francesca una solitaria ama de casa que observa en Robert un velo de libertad como nunca antes había sentido. Sin duda alguna hablamos de una de las películas más fascinantes de la carrera de Eastwood: con una historia fascinante, un relato fantástico y actuaciones antológicas, Los puentes de Madison respira erotismo y sensualidad en cada plano. El condicionamiento social, la liberalidad, el redescubrimiento propio, son procesos por los que los personajes sufrirán mutaciones inimaginables. “No permitas dejarnos” le dirá Robert a Francesca, y ella en la camioneta de su familia, verá cómo llora bajo la intensa lluvia para esperar, junto al semáforo, su decisión. Con un amor que se extendió durante sólo cuatro días, Eastwood sienta las verdaderas bases del drama romántico.
La escena de la lluvia, una intensidad difícil de explicar:
La conquista del honor, de Clint Eastwood (2006)
Aunque muchos no pudieron apreciarla por la escasez de escenas de combate siendo una cinta bélica, lo cierto es que La conquista del honor es mucho más que una película sobre la guerra. A partir del enfrentamiento armado, el grandioso director reflexiona acerca de la maquinaria mediática como método de mantenimiento esperanzador para las masas. La histórica foto tomada durante la batalla de Iwo Jima en la Segunda Guerra Mundial adquiere tal trascendencia que sus protagonistas se convertirán en verdaderas estrellas. A través de ello, el gobierno volverá a generar buenas expectativas respecto a la lucha armada. Aún cuando no se trata de su mejor película, la sutileza y la cantidad de lecturas con las que La conquista del honor se construye vuelven a mostrar que no importa qué tan bien esté organizado un guión, si detrás hay un director con talento, se puede hacer una gran película.
Trailer subtitulado
Gran Torino, de Clint Eastwood (2008)
Su último film y la última interpretación delante de cámara según sus propias palabras. En Gran Torino conocemos a Walt Kowalski (otro inmenso trabajo de Eastwood) un ex combatiente de la Guerra de Corea que tras la muerte de su esposa, da vía libre a su mal humor y su egocentrismo. Desde sus hijos hasta los vecinos, Walt no soporta a nadie y sólo cuenta con la compañía de su perro. Sin embargo la llegada de una familia inmigrante instalada al lado de su casa le enseñará (principalmente a través de la figura de los jóvenes) cosas ya había olvidado. Otra gran muestra del talento narrativo de Clint y la tremenda capacidad para crear antihéroes con los que resulta imposible no engancharse. A través de Gran Torino, el autor decide reflexionar acerca de la xenofobia norteamericana, el amor por las armas y los sectores marginales. Con más de 80 años este talento caminante, esta leyenda viva nos demuestra una vez más, que aún tiene mucho por decir.
Kowalski y la relación con sus hijos. (atención a la mirada de Clint…)